Adriana Rosales, el corazón que nunca dejó de latir en Carneras UPS

Hay camisetas que se usan y se devuelven. Y hay otras que se quedan para siempre, cosidas a la piel. La de Carneras UPS es una de esas para Adriana Rosales, una futbolista que no solo ha vestido estos colores durante más de una década, sino que los ha defendido en cada etapa del camino: en los inicios, en la caída y en el regreso a lo más alto.

Rosales es parte del ADN del club. Su historia con Carneras se remonta a los años 2011 y 2012, cuando el fútbol femenino todavía se abría paso a pulso, casi en silencio. Fue en esos primeros llamados, en esas canchas sintéticas de los miércoles, donde un grupo de amigas comenzó a soñar sin imaginar hasta dónde llegaría ese proyecto.

Valeria Icaza fue el puente, la Universidad Politécnica Salesiana el escenario y nombres como Sofía Sánchez, Adriana Ayala y Edisson Méndez, los primeros pilares de un equipo que hoy vuelve a la Superliga.

Desde entonces, Adriana estuvo ahí. Vio pasar jugadoras, cuerpos técnicos, temporadas buenas y otras durísimas. Se adaptó a todo y empezó como delantera, pasó por el mediocampo, se consolidó en defensa, incluso se puso los guantes cuando fue necesario. 

“Creo que he jugado en todos los puestos”, cuenta con naturalidad, aunque sabe que su lugar está en el fondo, donde se siente más cómoda.

El momento más duro llegó con el descenso hace dos años. Para ella fue un golpe profundo, de esos que hacen dudar incluso del amor más grande. Hubo días en los que no quiso saber nada del fútbol. Sin embargo, como suele pasar con las pasiones verdaderas, el remedio fue el mismo deporte.

“El fútbol se cura con fútbol”, le repetían, y así fue. Adriana siguió, resistió y se convirtió en una de las referentes de un grupo que tenía una deuda pendiente.

El ascenso no fue solo un objetivo deportivo; fue una revancha emocional. Haber sido parte del descenso le dio un impulso extra para empujar al equipo desde adentro.

“Había un plus, queríamos devolver a Carneras a la Superliga, por la ciudad y por todas nosotras”, recuerda. 

Uno de los momentos más especiales de la temporada fue la sorpresa por sus más de 100 partidos con la camiseta del club. No lo sabía, no lo esperaba. Ver entrar a su familia y recibir ese reconocimiento fue, para ella, un premio silencioso a la constancia. “Eso me dio más energía para transmitirle a las chicas”, dice.

Adriana no solo juega; también forma. Es entrenadora de las categorías formativas y entiende su papel como ejemplo. Las más jóvenes la miran y se proyectan. Ella les habla de resiliencia, de insistir, de creer que desde un club como Carneras también se puede soñar con selección y con fútbol internacional.

A sus 35 años, Rosales no piensa en despedidas. Siente que todavía tiene “un par de añitos más” para seguir aportando. El regreso a la Superliga la ilusiona como la primera vez. Sabe que el nivel es más alto, que los rivales son fuertes, pero también está convencida de que Carnerasdebe competir de igual a igual.

‘Adri’ dice que Carneras UPS es su segundo hogar. Un lugar donde pasó más tiempo que en su propia casa, donde encontró amigas, aprendizajes y sentido de pertenencia. Por eso, cuando se le pregunta si se considera histórica, duda. No se pone etiquetas. Prefiere pensar que su historia puede servir para que otras crean. (D)

Ismael Alvarado

Ismael Alvarado

Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación Social con experiencia en coberturas deportivas de todas las disciplinas a nivel nacional. Producción y contenido para medios digitales.