Dignidad

En el frenesí de un mundo convocado al vértigo, al discurso fácil, al ataque permanente, a las billeteras que financian equipos de desprestigio y al anonimato, es necesario poner límites. 

Las vías judiciales para la defensa de la dignidad de las personas están presentes todos los días. Se activan, obtienen resolución y cumplen su objetivo: tutelar el derecho al nombre, a la imagen y al respeto que merece toda persona. Así ocurre cotidianamente.

La Encíclica Magnifica Humanitas de Su Santidad León XIV merece ser leída. No se requiere profesar la fe católica para hacerlo; basta el sentido de humanidad para acercarse a sus reflexiones. El texto plantea, al menos, cuatro principios fundamentales para orientar la búsqueda por edificar el bien.

Primero, construir una sociedad y sus instituciones sobre la comprensión del bien común. Ello exige hacerla sobre roca firme. Existe un vínculo estrecho entre aquello que nuestro corazón abraza como deseo y la felicidad que se concreta en el diálogo y en la custodia de la verdad. Se trata de una relación inseparable entre verdad y amor. 

Segundo, aceptar los límites y la fragilidad de la condición humana sin considerarlos un error que deba corregirse. La plenitud que busca el ser humano no puede convertirse en carta abierta para perseguir metas engañosas o falsos dioses que no liberan, sino que enfrentan y dejan atrás a sociedades enteras desde el egoísmo y la falsa ilusión depositada en tecnologías o procesos, desgraciadamente, inhumanos. Eliminar las fragilidades no constituye una realización auténtica; lo es, en cambio, el crecimiento armonioso que comprende el valor del cuidado recíproco. Entre todos.

Tercero, comprender que el bien se edifica allí donde todos pueden florecer. El mundo plantea desafíos permanentes y el peso de estos no puede ser soportado por una sola mano, sino por la contribución generosa y la acción comprometida de muchos corazones y voluntades.

Cuarto, reconocer que el lenguaje no puede convertirse en un cúmulo de palabras destinadas a dañar, enfrentar o humillar. Todo lo contrario. Debe entenderse como un instrumento de franqueza y claridad que ilumina y abre caminos. Es necesario promover criterios que respeten el destino universal de los bienes, el cuidado de la Casa Común, la paz y la dignidad de la persona. La justicia.

La tarea es inmensa. El tiempo para asumirla, es ahora. (O)

@jchalco

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.