A veces es cuestión de abrir los ojos para encontrarse con ejemplos de vida. Y lo digo a raíz de una grata experiencia ocurrida el fin de semana pasado, cuando pude conocer a Don Alberto, el propietario del zoo-refugio Yurak Allpa, en la parroquia de Tarqui. Y digo que fue una lección de vida porque, en el transcurso de una corta entrevista realizada por mis chicos de la carrera de Ciencias Políticas en la Cato, pude aprender, a más de respetar todo el conocimiento que está detrás del cuidado de los animales, un ejemplo de tenacidad de quien navega contra corriente y se entrega a una causa.
Y uno puede pasar un largo rato escuchando fascinado las historias. El nacimiento del primer pingüino “andino”, aunque él se resiste a llamarlo así. La historia de un águila herida y cuidadosamente rehabilitada para la vida salvaje, que “al poco tiempo volvió de visita… ¡para agradecer!”. Las decenas de venados, celosamente criados en cautiverio para liberarlos lo antes posible en los páramos y restituir, poco a poco, esta población endémica en peligro. Incluso prodigios de la ciencia, como la conservación en pajuelas criogenizadas, donde se guarda el ADN de ciervos y hasta de especies de felinos en riesgo de extinción. Todo, por supuesto, llevado adelante con absoluto rigor científico y empapado de ese amor “a mis animales”, esos que valen todo el sacrificio de quien no lo hace por dinero.
Desde luego, la tarea no ha sido fácil. Don Alberto, que en realidad se llama Alberto Vele y debe contarse entre los profesionales más experimentados en el cuidado y la conservación de la fauna andina, relata, uno tras otro, los innumerables obstáculos. Desde la necesidad de financiamiento (rehabilitar un animal salvaje puede costar hasta USD 2.000), la lejanía de la empresa privada y la obstinada resistencia del sector público (del ámbito ambiental, específicamente), enterrando las mejores intenciones en la ineficiencia y la burocracia. Pero el amor lo puede todo. Y creo que este hombre ejemplar (“que ya no se siente cómodo en la ciudad”) y su familia todavía darán pelea para largo.
Adelante, don Alberto, estamos con usted… (O)
@andresugaldev








